sábado, 8 de junio de 2013

¿Qué debo saber de la diabetes?...

BASES DEL TRATAMIENTO DE LA DIABETES MELLITUS:                                              MANEJO HIGIÉNICO DIETÉTICO

     El tratamiento de la diabetes mellitus tiene como objetivos principales: mejorar el metabolismo global de los pacientes, alcanzar o mantener un peso adecuado sin descuidar el estado de nutrición; prevenir episodios de hipo o hiperglucemia; reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo y fundamentalmente, tratar que el paciente pueda tener la mejor calidad de vida (1).
     Pocas enfermedades requieren un tratamiento tan interdisciplinario como la diabetes. Para ello, es necesario contar con un auténtico equipo de atención integrado inicialmente por el médico clínico, médico diabetólogo, nutricionista, enfermero, psicólogo, terapeuta físico, podólogo y asistente social, si fuera necesario. La atención del paciente por este equipo de salud facilita la detección de dificultades en el cumplimiento de las metas fijadas y aumenta la adherencia del paciente al tratamiento.
      Para cumplir estos objetivos, el tratamiento requiere de cinco herramientas fundamentales (1):
  1. Monitoreo glucémico;
  2. Educación diabetológica:
  3. Dietoterapia;
  4. Ejercicio;
  5. Medicaciones.

A. Monitoreo glucémico:  

•  El automonitoreo de la glucemia (AMG) (2) es una de las piedras angulares del cuidado y tratamiento de la diabetes tipo 1. Debe llevarse a cabo 3 o más veces al día en los pacientes con inyecciones múltiples de insulina o tratamiento con bomba de insulina. Al menos antes de las comidas y refrigerios, en ocasiones después de la ingesta, al acostarse, antes, durante y después de hacer ejercicio, cuando sospechen la hipoglucemia, después de tratar la hipoglucemia hasta que estén normoglucémicos y antes de tareas críticas, como manejar. 
Para los pacientes que usan inyecciones de insulina con menor frecuencia o no son insulinodependientes, la prescripción del AMG (dentro de contexto educativo) puede ser útil como guía para orientar el manejo del paciente. 
• Cuando se indica el AMG, se debe asegurar que los pacientes hayan recibido instrucciones y como parte del seguimiento evaluar la técnica  y los resultados del AMG, así como su capacidad de usar los resultados para ajustar el tratamiento.
• Los controles mínimos recomendados aconsejan que un paciente estable con inyecciones múltiples de insulina requiera 3 controles diarios; un paciente estable con bomba de infusión contínua de insulina requiere al menos, 4 controles diarios en tanto que un paciente lábil, con inyecciones múltiples do bomba de infusión de contínua de insulina necesita 5 controles diarios.
•  Los pacientes con diabetes tipo 1 deben medirse los cuerpos cetónicos durante los episodios de descontrol glucémico como sucede ante la presencia de enfermedades intercurrentes, en periodos de estrés, cuando la glucemia es mayor de 300 mg/dl, en forma reiterada o sostenida, durante la gestación o ante síntomas de cetoacidosis.     
• El monitoreo continuo de la glucosa (MCG) junto con los regímenes insulínicos intensivos pueden ser una herramienta útil para reducir la HbA1C en adultos seleccionados (>25 años) con diabetes tipo 1 (3). 
•  Aunque la evidencia para el descenso de la HbA1C es menos contundente en los niños, los adolescentes y los adultos más jóvenes, en estos grupos el MCG puede ser útil. El éxito se correlaciona con la adherencia al uso continuo del dispositivo. 
• El MCG puede ser una herramienta complementaria para el AMG en los pacientes con hipoglucemia asintomática y/ó episodios frecuentes de hipoglucemia. 
• La determinación de  hemoglobina glicosilada (HbA1c) es útil para el control metabólico de la enfermedad, teniendo en cuenta la vida media de los eritrocitos.
•  Se aconseja realizar la prueba de HbA1c por lo menos 2 veces al año en los pacientes que están cumpliendo con el objetivo terapéutico (o quienes tienen control glucémico estable). 
•  La prueba de HbA1c se puede solicitar cada 3 meses en los pacientes cuya terapia ha cambiado o que no están cumpliendo los objetivos glucémicos.  
• El uso de pruebas de HbA1c rápidas o en el sitio de atención del paciente, permite la modificación de los tratamientos de manera oportuna y rápida.

A1. Objetivos glucémicos:

Se ha demostrado que la reducción de la HbA1c a cifras cercanas a 7% (4) reduce las complicaciones microvasculares de la diabetes, y si se logra  poco después del diagnóstico de diabetes, ese beneficio a largo plazo también reduce las complicaciones macrovasculares. Por lo tanto, una meta razonable para muchos adultos, aunque no en las embarazadas, es una HbA1C de 7%. 
• Se pueden perseguir objetivos más estrictos de HbA1c (como  6,5%) en pacientes seleccionados (diabetes de corta duración, expectativa de vida larga, enfermedades cardiovasculares no significativas), siempre que esto se logre sin que presenten hipoglucemias significativas u otros efectos adversos del tratamiento. 
• Para los pacientes con antecedentes de hipoglucemia grave, esperanza de vida limitada, enfermedad microvascular avanzada o complicaciones macrovasculares, condiciones comórbidas extensas y personas con diabetes de larga duración, el objetivo de la HbA1c puede ser menos estricto (8%), ya que en ellos es difícil alcanzar el objetivo general a pesar de la educación para el autocontrol de la diabetes, el AMG y las dosis efectivas de múltiples hipoglucemiantes, incluyendo la insulina. 

B. Educación diabetológica:

     La educación del paciente no sólo está destinada a mejorar su calidad de vida, sino también como medio para disminuir los costos económicos de la enfermedad (5). En el caso del diabético tipo 1, debe estar centrada en la práctica del autocuidado, favorecer el automonitoreo, permitir el desarrollo de un programa flexible de insulina con conteo de los hidratos de carbono. Existen evidencias que las intervenciones educativas en la diabetes tipo 1 durante la niñez y la adolescencia generan un fuerte impacto en aspectos psicosociales, aunque presentan un menor efecto sobre el control metabólico. La educación debe estar orientada a la demanda individual y al nivel educativo preexistente del paciente.
     En el diabético tipo 2, debe enfatizarse en la necesidad del control de peso, el cumplimiento estricto de la dieta y la necesidad de realizar ejercicio físico, como una manera práctica de reducir la insulinorresistencia. En ambos tipos de diabetes, debe enfatizarse la necesidad del control oftalmológico anual, el control de microalbuminuria una vez al año y el estricto cuidado de los pies, a través de un calzado adecuado, correcto corte de uñas y controles periódicos por podólogos especializados.

C. Dietoterapia:

     El éxito del plan de alimentación en el paciente diabético depende en primer lugar de un equipo multidisciplinario, como nos referimos anteriormente, teniendo un rol protagónico el propio paciente y la familia. Las pautas nutricionales para la alimentación del diabético no deben alejarse de aquellas aconsejadas por las guías alimentarias para una vida saludable: ingerir amplia variedad de alimentos, consumir diariamente cereales, panes y otros productos con granos enteros, legumbres, vegetales y frutas, elegir productos lácteos con bajo tenor graso y carnes magras. La prescripción del plan de alimentación deberá adaptarse a cada paciente (6).

C1. Glúcidos:

     El porcentaje de glúcidos será del 45 a 60% del valor calórico total. No deben restringirse a menos de 130 g/día. Para lograr un control glucémico sostenido, los glúcidos deberían seleccionarse por la calidad, cantidad y distribución a lo largo del día y en el caso de los diabéticos tipo 1, adecuarlos al esquema de insulinoterapia. Se deben limitar los glúcidos de alto índice glucémico. Las legumbres, los granos enteros y los vegetales y frutas (frescos, cocidos o poco cocidos, sin procesar ) son alimentos de elección (6).

Indice glucémico:

     El índice glucémico (IG) (7) es una clasificación de los alimentos, basada en la respuesta postprandial de la glucosa sanguínea, comparados con un alimento de referencia (glucosa o pan blanco). Mide el incremento de glucosa en la sangre, luego de ingerir un alimento ó comida. David Jenkins, creó esta clasificación en 1981, con el objetivo de ayudar a identificar los alimentos más adecuados para pacientes diabéticos. De esta manera, el IG es definido como el aumento del área de la glucosa sanguínea después de la ingestión de un producto testeado, expresado como porcentaje del área correspondiente después de una carga de glúcidos de un  producto de referencia. Si se comparan los IG, se le asigna a la glucosa un valor se referencia de 100, a la sacarosa 65, a la lactosa 46 y a la fructosa 30. Es menester considerar los siguientes factores que modifican la respuesta glucémica: a) la naturaleza de los glúcidos; b) la presencia de otros nutrientes; c) la textura de los alimentos y d) el procedimiento de elaboración del alimento. Así, la fructosa es menos hiperglucemiante por tener un predominantemente metabolismo hepático; la concentración de fibras, especialmente solubles, disminuyen la respuesta glucémica al aumentar la viscosidad del bolo alimenticio, limitando el acceso enzimático; la concentración de grasas lentifica el ritmo que los nutrientes llegan al intestino, a mayor tenor lipídico de un alimento, menor IG; la concentración de proteínas o de ácidos también disminuye la respuesta; la presencia de granos de cereales intactos o de texturas que requieren una importante masticación favorecen la disminución del IG; la cocción favorece el proceso de gelatinización, lo que lleva a un mayor índice glucémico; la amilosa tiene un proceso de digestibilidad más lento que la amilopectina; el almidón encapsulado dentro de la pared vegetal determina índices glucémicos más bajos.
Conteo de glúcidos:

     Los individuos que reciben insulinoterapia intensificada deben ajustar sus dosis de insulina pre – prandial basadas en el contenido de carbohidratos de la comida (7). 
     En función de la glucemia preprandial, se adiciona una unidad de insulina rápida por cada 15 gramos de glúcidos que se van a ingerir; por ej., si se va a comer un plato de ravioles con salsa de tomate y una naranja de postre, se procede así: 20 ravioles equivalen a 2 porciones de cereales, es decir 40 g de glúcidos, con salsa de tomate (media taza equivale a media porción de verduras y a 5 g de glúcidos) y de postre, una naranja (una porción de frutas equivale a 10 g de glúcidos). Total de glúcidos: 55 g. Si el paciente antes de la ingesta tiene una glucemia de 160 mg/dl, le corresponde 1 U por glucemia, más 4 U por los 55-60  g de glúcidos suman 5 U. Existen listas de reemplazos alimentarios que contienen 10 a 15 g de glúcidos por una unidad de análogos de insulina de acción rápida; por ejemplo, media taza de copos no azucarados equivalen a una papa chica, o a media taza de fideos o arroz cocido, o a media taza de legumbres cocidas.

C2. Lípidos:
  
   Representan el 30 % del valor calórico total. Debido a que la diabetes es una enfermedad proaterogénica, se recomienda una ingesta no superior a los 200 mg/día de colesterol. Los ácidos grasos saturados, por su alto riesgo aterogénico, no deben superar el 7% de las calorías totales, con un porcentaje de ácidos grasos trans no mayor al 1%.    Los ácidos grasos insaturados omega 6 deben incorporarse en una proporción entre 8 a 10% con la recomendación de dos a tres veces por semana de pescados grasos y 2 gramos diarios de omega 3 vegetal (aceites de soja o semillas de lino). Se aconseja la incorporación de ácidos grasos monoinsaturados superiores al 13% de las calorías totales (6).

C3. Proteínas:

   El porcentaje de proteínas debe oscilar entre el 15 al 20 % del valor calórico total (0.8 a 1 g/kg/día) y dependerá de la edad, embarazo, situaciones de estrés agudas y crónicas, posoperatorios y desnutridos. El 50% de las proteínas debe ser de origen animal. En el caso de nefropatía renal incipiente, se recomienda 0.8 a 1 g/kg/día y en insuficiencia renal manifiesta, no más de 0.8 g/día (6).
   
C4. Vitaminas y minerales:

   Como la diabetes se asocia frecuentemente a hipertensión arterial, es menester reducir la ingesta diaria de sodio en una proporción de 1000 mg por cada 1000 calorías, tratando de no superar los 2300 mg/día en caso de hipertensión arterial e insuficiencia renal o pacientes con riesgo cardiovascular (6).   

C5. Líquidos:

   Puede utilizarse: agua corriente o mineral, soda, café, té, mate, tisanas (tés de hierbas) y caldo desgrasado. Las bebidas no alcohólicas admitidas son las gaseosas dietéticas, jugos para diluir dietéticos y amargos serranos light. No se aconsejan bebidas con alto índice glucémico, como las bebidas cola, las tónicas y las naranjadas embotelladas. La ingesta de alcohol, debe realizarse con moderación, recomendándose un vaso de vino con el almuerzo y otro con la cena (6).  

C6. Fibras:

   Se aconseja la incorporación de aproximadamente 30 g/día de fibra. La fibra dietaria cumple la función de disminuir la velocidad de absorción de glúcidos y lípidos, con la consecuente reducción de la hiperglucemia posprandial. La fibra insoluble (celulosa, hemicelulosa y ligninas) sirve de sustrato para la flora colónica, junto con los glúcidos no absorbidos; además, posee propiedades absorbentes sobre cationes y ácidos biliares. Por su parte, la fibra soluble (pectinas, gomas, mucílagos y fructooligosacáridos) actúa en el estómago y el intestino delgado formando una masa viscosa que retrasa la absorción de monosacáridos (6).

C7. Selección de alimentos:

     Los 5 grupos básicos de alimentos aportan diferentes cantidades de glúcidos (8). Las sustancias grasas no aportan glúcidos significativos; los lácteos aportan 10 g por porción; las proteínas (carnes, quesos compactos y huevo) no aportan glúcidos significativos; las frutas aportan 10 g por porción; los vegetales aportan 10 g por porción; los cereales, panes, legumbres y vegetales feculentos aportan 20 g por porción (Figura Nº 1). Se recomienda comer cada 3 a 4 horas y evitar que se llegue con más hambre a la siguiente comida (lo ideal: desayuno, almuerzo merienda, cena y 1 o 2 colaciones).
Se aconseja (Figura Nº 2):
  1. Incluir alimentos de los diferentes grupos todos los días;
  2. Consumir diariamente leche, yogures o quesos descremados por su aporte en calcio;
  3. Comer 5 porciones entre frutas y verduras de todo tipo y color;
  4. Preferir carnes magras de todos los tipos, para asegurar un buen aporte de hierro hético que se absorbe con mayor facilidad;
  5. Consumir huevos al menos 3 veces a la semana en diferentes preparaciones que no requieren el agregado de grasas;
  6. Preparar las comidas con aceite preferentemente crudo y evitar la grasa para cocinar;
  7. Disminuir el consumo de sal y alimentos en ricos en sodio, como enlatados
  8. Elegir panes y cereales integrales, legumbres (arvejas, lentejas, porotos, garbanzos, porotos de soja), vegetales feculentos, limitar aquellos con grasas escondidas, como masas de tartas, empanadas y amasados de pastelería, como facturas, galletitas tanto dulces, como de agua.
  9. Beber al menos entre 8 a 10 vasos de agua todos los días;
  10. De tomar alcohol, hacerlo con moderación;
  11. Realizar 30 minutos de actividad física moderada, siempre habiendo consultado con el médico antes de comenzar.   
  12. Hay ciertos alimentos que pueden ser utilizados libremente, como:
caldos desgrasados; Infusiones; Gaseosas dietéticas; Endulzantes como aspartato, sucralosa, sacarina, ciclamato, estevia; Agua; soda; Verduras crudas: achicoria; berro; repollo; verde y colorado; coliflor; champiñones; escarola; espinaca; lechugas, pepino; radicheta; rabanitos; zapallitos.

Debe evitarse: leche entera chocolatada; Quesos altos en grasas: roquefort, sardo Fiambres y embutidos; Sopas cremas; Bebidas alcohólicas dulces; Facturas; galletitas de agua y dulces; Amasados de pastelería, masa de tarta y empanada tipo hojaldre comercial.

D. Ejercicio físico:

     La actividad física es fundamental en el tratamiento de la diabetes (9). Antes de comenzar a realizarla se recomienda un examen clínico-diabetológico completo, que incluya: historia clínica con información de la antigüedad de la diabetes, tratamiento actual y  comorbilidades relacionadas (hipertensión arterial, enfermedad coronaria, etc.).
     También, interesa conocer la presencia de complicaciones de órganos blancos: fondo de ojo con pupila dilatada, examen completo de ambos pies, función renal, lípidos y ECG de base.  
     En el diabético tipo 1, se recomienda efectuar el automonitoreo glucémico, evaluar historia, horarios, dosis y comidas previas, así como las tendencias de la glucemia. Es conveniente realizar ejercicios 2 a 3 horas después de una comida. La presencia de cuerpos cetónicos en orina o sangre es una contraindicación formal para la realización de actividad física. Advertir que con glucemias >300 mg/dl, sin cetosis, se puede iniciar, pero hay que volver a medir a los 30 minutos; si tiende a subir la glucemia, se suspende la actividad. Ingerir 15 g de glúcidos, si la glucemia previa al ejercicio oscila entre 100 a 130 mg/dl y 30 g si es <100 mg/dl. No modificar insulina si el ejercicio será de intensidad leve a moderada y menor a 60 minutos. Consumir 15 a 30 g cada 30 minutos, si la glucemia inicial estuvo por debajo de 180 mg/dl. Reducir el 30% la dosis previa (basal y bolo) por cada hora de actividad y consumir 30 a 50 g de glúcidos por hora en ejercicios prolongados.   
     En el diabético tipo 2, el ejercicio físico reduce la resistencia a la insulina y aumenta su sensibilidad. La permeabilidad de la membrana plasmática a la glucosa aumenta con la contracción muscular, probablemente por un incremento en el número de transportadores de glucosa asociados a la misma. Deben realizar al menos 150 min/semana de actividad física aeróbica de intensidad moderada (50-70% de la frecuencia cardíaca máxima), repartidas en al menos 3 días de la semana con no más de 2 días consecutivos sin ejercicio. En ausencia de contraindicaciones, estos pacientes deben ser animados a realizar entrenamiento de la resistencia por lo menos 2 veces por semana. Se pueden dividir los 30 minutos por día recomendados en varias sesiones. Por ejemplo, caminar rápidamente durante 10 minutos tres veces al día, una vez y después de cada comida. La meta es hacer por lo menos 2 horas y media de ejercicio por semana. Los músculos pueden desarrollarse haciendo ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana; estos ejercicios se hacen con pesas de mano, bandas elásticas o máquinas de levantamiento de peso. El estiramiento aumenta la flexibilidad y reduce el estrés (10).

[i]    









Bibliografía:

1. Ruiz M; Mazzei ME; Giannaula C: Tratamiento de la Diabetes: plan de alimentación. En: Ruiz M, Diabetes Mellitus, 4 a Edición; Editorial Akadia; Buenos Aires; p 243-258, 2011.    
2. Consensus Committee. Consensus Statement on the American Diabetes Association: Evidence-based nutrition principles and recommendations for the treatment and prevention of diabetes and related complications. Diabetes Care 25: p 202-12, 2002. 
3. Continuous Glucose Monitoring and Intensive Treatment of Type 1 Diabetes. The juvenile Diabetes Foundation Continuous Glucose Monitoring Study Group. N Engl J Med 359: p 1464-76, 2008.
4. Asociación Latinoamericana de Diabetes. Guías ALAD de diagnóstico, control y tratamiento de la Diabetes Mellitus. Suplemento Nº 1, año 2000.
5. Marquez IN: Educación Diabetológica. En: Ruiz M, Diabetes Mellitus, 4 a Edición; Editorial Akadia; Buenos Aires; p 340-9, 2011.    
6. American Diabetes Association: Nutrition Recommendations and interventions for Diabetes (Position Statement). Diabetes Care 31 (Suppl 1): p 61-78, 2008.
7. Bustingorry A; Landó MI. Recuento de hidratos de carbono e índice glucémico. En: Nutrición y Diabetes. De la teoría a la Práctica, Editorial Akadia, Buenos Aires, 2004.  
8. Mahan LK; Arlin MT: Krause: Nutrición y Dietoterapia. Cuidado nutricional en la diabetes mellitus e hipoglucemia reactiva. Ed. Interamericana-Mc Graw Hill, Octava edición, México; p 535-63,1995.
9. American College of Sports Medicine. Guidelines for graded exercise testing and exercise prescription.  7 th Edition. Baltimore, Md: Wilkins & Wilkins; 2006.
10. Blair SN; Church TS. The importance of physical activity and cardiorespiratory fitness for patients with type 2 diabetes. Diabetes spectrum 16:236-40, 2003.-